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Autor : Roberto Pastrana - Fecha : 16 Septiembre 2013

Balbuceos digitales para una prensa sostenible

El periódico El Mundo está estudiando establecer en su web un muro de pago (o paywall, según la denominación anglosajona). Aunque todavía no está claro si toda la información de la página va a quedar tras el muro o sólo una parte, las intenciones de Unidad Editorial devuelven a primera línea los planes de la prensa española de cobrar por los contenidos online, un propósito que parecía aparcado desde el fallido intento de El País de hace años, que por cierto también prepara a corto plazo un salto similar.

1a8ad36f1feb0d3a6333158f6432cea2Los periódicos nacionales están siguiendo el camino ensayado por los rotativos anglosajones, con The Washington Post a la cabeza. Es innegable que las circunstancias actuales, con caídas de publicidad en papel del 20% o el 30%, obligan a experimentar nuevos caminos. Lo contrario significaría resignarse a una muerte lenta. Además, un reciente estudio de los editores europeos (ENPA) calcula que la venta de copias digitales de periódicos pasará de las 569.000 en 2011 a los 7,6 millones en 2015.

Pese a la existencia de iniciativas de éxito como el muro de pago de The New York Times o Financial Times, la sostenibilidad económica de los medios de comunicación continúa siendo la madre de todas las batallas. Los descensos de facturación por publicidad de los medios impresos no se  compensan, ni de lejos, con el crecimiento de este concepto en sus versiones online. Otro asunto distinto son los medios que ya han nacido digitales con estructuras de costes muy diferentes.

Estados Unidos ejerce por el momento el liderazgo en la investigación de fórmulas de negocio en los entornos digitales. Las grandes cabeceras como el citado The New York Times y The Wall Street Journal abrieron camino en 2011. Un camino que ya han cruzado más de 300 publicaciones norteamericanas que empezaron a cobrar por sus contenidos, con mayor o menor fortuna (no se puede soslayar el hecho de que el muro de pago tiene más visos de ser sostenible en medios de alcance global).

Aún son muchos los que ven en estos primeros pasos apenas balbuceos de lo que puede ser la industria periodística del futuro. Por ejemplo, para el experto en sistemas de información, Enrique Dans, existen grandes dudas de que el muro de pago sea una medida adecuada si sólo se centra en el modo de facturar por el acceso a los contenidos y se restringe la entrada a los que no pagan.

Mientras los medios tradicionales han depositado sus esperanzas de futuro en los muros de pago, los proyectos nativos de la era digital están explorando vías alternativas. El norteamericano ProPublica -una iniciativa sin ánimo de lucro que abandera el periodismo de investigación en la web- se financia en gran medida de donaciones de fundaciones y filántropos particulares. El peso de estas aportaciones en los balances financieros del medio es tan alto (el Texas Tribune proclama con orgullo haberlo reducido a un 40%) que no deja de chirriar que se defina como un reducto del periodismo independiente.

La industria periodística es consciente de que la difusión libre y gratuita de información condena a los medios a una lenta agonía en forma de estructuras cada vez más ligeras y menos elaboración de contenidos. Este sprint en favor de la emisión inmediata y gratuita no beneficia a la sociedad, que se ve envuelta en a un alud de datos abundantes, repetidos y, en muchas ocasiones, sin relevancia.

Este círculo vicioso tiene una salida no exenta de dificultades. El primer paso es convenir en que el análisis, la elaboración y contextualización requieren tiempo y esfuerzo, cuyo coste debe tenerse en cuenta. Saber quién debe satisfacer ese precio, en qué porcentaje o de qué modo es lo que se dirime en estos primeros pasos vacilantes, estos balbuceos que hoy centran todos los esfuerzos empresariales.

La industria de los medios busca de forma perentoria la clave de su futuro. Una cosa parece clara: nunca volverá a disfrutar del aura magistral que tuvieron en el siglo XX, pero sigue siendo vital para la sociedad que puedan sostenerse por sí mismos. Sin entrar en la utilidad social de la diversidad informativa, la labor periodística es tanto más necesaria cuanto mayor es el flujo de datos que nos bombardea diariamente ya que unos filtros independientes, honestos y rigurosos son esenciales para no perecer ahogados en esta ola de datos.

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