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Autor : Juana Jiménez - Fecha : 12 septiembre 2018

Los básicos de comunicación de Pedro Sánchez

Comienza el curso escolar y el gobierno de Pedro Sánchez acaba de cumplir sus primeros 100 días. Toca hacer balance y nosotros vamos a hacerlo de sus herramientas de comunicación.

En líneas generales Sánchez se tiene muy bien aprendida la máxima de un buen orador. Consiste en refugiarse en un principio de comunicación – aquellas premisas en las que todo el mundo está de acuerdo- frente al posicionamiento – lo que da lugar inevitablemente a posturas encontradas-. Así, ante temas conflictivos o cuando surge una pregunta complicada, el presidente lo tiene claro. “Refugiémonos en algo en lo que todo el mundo coincida, un principio universal”.

En su reciente entrevista con Pepa Bueno en La Ser, resolvía el conflicto catalán con dos principios de comunicación “vocación de diálogo” y “respeto a la legalidad”. Luego habrá que materializarlo pero, a priori, ¿quién puede dudar de la estrategia del presidente? Desde el punto de vista de comunicación, la salida resulta de lo más airosa.

Lo mismo ocurre con las palabras clave. Pedro Sánchez, igual que la mayoría de los políticos de nuestro país, guarda en su kit de supervivencia de hablar en público una batería de palabras “mágicas”. Son las que ayudan construir un mensaje clave, un titular llamativo o incluso a hilar un discurso cuando te pierdes o te quedas sin recursos. Sin ir más lejos, en la misma entrevista y ante el mismo tema puntilloso, el catalán, el presidente lo resolvió de la siguiente forma: “La propuesta para Cataluña del Gobierno de España se puede sintetizar en tres palabras: AUTOGOBIERNO, CONSTITUCIÓN Y EUROPA”. No tuvo que adornarlo más. Colocó las palabras clave y se quedó mirando a Pepa Bueno con cara de “siguiente pregunta”.

Y si las palabras clave son imprescindibles para una intervención pública, no lo son menos la ausencia de palabras prohibidas. Todos recordamos la cantidad de sinónimos que Zapatero utilizó antes de llamar a la crisis económica por su nombre. Y es que hay determinados vocablos que los políticos saben que deben evitar por las connotaciones que tienen y la trascendencia que su uso puede significar.

Pedro Sánchez lo tiene muy claro. Tanto, que en su viaje a Latinoamérica por más que la periodista del diario chileno El Mercurio le preguntó por la situación en Venezuela, él en ningún momento habló de dictadura. “No se puede decir que Venezuela es una democracia cuando hay presos políticos”. Dio igual que la periodista insistiera hasta en tres ocasiones. Pedro Sánchez no se desvió de su mensaje ni un milímetro.

En comunicación no sólo cuenta lo que dices sino como lo dices y, por supuesto,  la puesta en escena. El equipo de Sánchez se ha caracterizado por no dejar nada al azar, lo que ocurre es que en algún momento se le ha ido un poquito de las manos; nunca mejor dicho. La campaña de marketing de las manos de Pedro Sánchez con el famoso tuit del 27 de junio, unida a las famosas fotos con gafas de sol y sin chaqueta, eran más propias de un instagramer que de un presidente de Gobierno. Menos mal que tenemos el verano de por medio y nos hemos olvidado del asunto. Y parece que el equipo de comunicación de Moncloa también aprendió la lección. Porque cuando diseñamos una estrategia de comunicacion tenemos que dar respuesta al qué, al quién, al cuándo, al cómo y al por qué. Y si nos dejamos una de las 5 W en el tintero, algo estamos haciendo mal.

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