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Autor : Beatriz Ferrín - Fecha : 16 mayo 2018

¿Somos los consultores de comunicación los psicólogos de las empresas?

Os invitamos a una reflexión que surge a menudo en momentos de relax en nuestra cocina (el lugar de esparcimiento, frente a la sala de juntas que es más de sufrimiento). No hemos llegado a una conclusión clara, aunque la mayoría somos partidarios del sí. Salvando las distancias, claro, que tenemos un gran respeto profesional por los psicólogos y no queremos que nos acusen de intrusismo.

Los motivos que nos llevan al diván del psicólogo son de lo más variados, aunque siempre hay un denominador común: buscamos respuestas y orientación para abordar determinadas situaciones. Cuando una empresa se sienta en nuestro diván de consultores de comunicación busca lo mismo: respuestas y soluciones. 

En las primeras sesiones el psicólogo pregunta mucho y habla muy poco. Exactamente igual que hacemos nosotros cuando iniciamos la relación con la empresa. ¿No os ha pasado nunca que os digan que preguntáis demasiado, que para que necesitáis tanta información, qué habéis sido contratados para dar respuestas, no para hacer tantas preguntas?

Es normal, mientras no se genere la necesaria relación de confianza entre “paciente” y profesional, que se despierten suspicacias. En definitiva, unos y otros manejamos información sensible, información que podría ocasionar graves problemas si acaba en las manos equivocadas. Confianza y confidencialidad son necesarias para que la relación avance y llegue a buen puerto. Y esto lleva un tiempo, no se consigue de hoy para mañana. Un tiempo que además es muy difícil de establecer porque el ritmo de apertura, de generación de confianza es variable en función de las personas/empresas.

Unos somos más transparentes que otros, hay a quien le gusta ir directo al problema, y están los que, por miedo o inseguridad, prefieren llegar dando un rodeo. En cualquier caso, hablamos de períodos de tiempo más o menos largos. Y esto se entiende muy mal hoy en día, la tecnología nos ha acostumbrado a resultados y respuestas inmediatas, aunque sean equivocadas. Nos tragamos las “fake news” porque cumplen la premisa de la inmediatez.

Después de unas cuantas citas con el diván, los que no actúen siguiendo la premisa de minuto y resultado, porque esos habrán tirado la toalla en las primeras citas, pues bien, después de ese tiempo de trabajo (¡sí, es un tiempo de trabajo!) descubrimos que las respuestas las tenemos nosotros, que no nos estábamos haciendo las preguntas adecuadas, que no estábamos viendo el problema real, que estábamos obsesionados con la anécdota y que eso nos distraía de lo esencial.

Y con las respuestas llegan también las soluciones, las medidas a adoptar, los compromisos a asumir. Y eso solo está en nuestras manos, el profesional al frente del caso puede acompañarnos en ese camino, pero el trabajo siempre será nuestro. El consultor de comunicación, el preguntón incansable, señalará las rutas abiertas, las ventajas o inconvenientes de cada una de ellas, los obstáculos a los que habrá que enfrentarse y las herramientas más adecuadas para hacerles frente. Pero la travesía es de la empresa. Esto no va de cirugía, te opero la presbicia y ya verás sin gafas, te pongo una prótesis en la cadera y a caminar de nuevo. Por eso pensamos que nuestro trabajo se parece más al de un psicólogo que al de un médico especialista o un cirujano. Las respuestas nunca serán estandarizadas, fórmulas que una vez demostrada su eficacia pueden repetirse hasta el infinito, porque hay tantas respuestas como empresas y lo que es válido para unos puede ser perjudicial o inútil para otros.

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