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Autor : Beatriz Ferrín - Fecha : 2 noviembre 2016

¿Comunicas o informas? La estrategia del discurso

Comunicar no es lo mismo que informar. Ni es lo mismo, ni es cuestión de matices. Vivimos rodeados de información pero nos comunicamos menos que nunca. El incremento de información no crea necesariamente más comunicación. Y no es que lo diga yo, investigadores multidisciplinares como Gregory Bateson sostienen que el exceso de información en lugar de aproximarnos nos aleja. A ese fenómeno aludía también el pensador europeo de referencia en el ámbito de la Semiótica, Paolo Fabbri, en una conferencia ofrecida en una de sus recientes visitas a España.

Comunicar cuenta historiasYa sabéis que a mí el exceso de información me provoca sudores fríos y pesadillas que siguen presentes cuando la luz del día me devuelve a la realidad. Sé que no soy la única, todos preferimos una buena historia bien contada a datos asépticos (vale, quizá no tan asépticos) sin conexión y contextualización, que no nos emocionan. Comunicar con emoción es lo más trendy de nuestro mundillo, el último grito, la herramienta que asegura el triunfo de tu storytelling. Los palabros son nuevos pero la cosa es más bien antigua. Ya lo decía  Aristóteles: “Nada puede ser pensado si no ha pasado primero por los sentidos”.  Mejor no se puede decir, así que ni lo voy a intentar.

La diferencia entre informar y comunicar está ya clarísima desde sus definiciones respectivas. Ambos términos proceden del latín, communicare significa “hacer a otro partícipe de lo que uno tiene”, poner en común,  mientras que, la palabra información proviene del verbo latino “in?formare” y su significado es dar forma, poner en forma. Se ve claro no? La comunicación es, por tanto,  un proceso más amplio que abarca la acción de informar. Se entiende como el proceso por el que se trasmite y recibe una información/mensaje.

No vamos a entrar ahora en que si hace falta emisor, receptor, canal, código y mensaje que me paso de las 800 palabras que me ha recomendado el comunity manager para el SEO y, luego, me penaliza Google y eso puede acabar teniendo consecuencias no deseadas. Hablemos mejor de la pertinencia y de su importancia para una comunicación eficaz. La pertinencia es la adecuación o el sentido de algo en un determinado contexto. Ya tenemos un elemento nuevo: EL CONTEXTO. Una comunicación eficaz, que realmente consiga los objetivos que persigue requiere de un conocimiento previo del contexto. Contexto que cambia de forma permanente complicándonos un poco más las cosas. Veamos algunos ejemplos: si es el cumpleaños de tu chica/chico es pertinente una visita que incluya regalo y tus pulmones dispuestos a entonar el consabido “cumpleaños feliz” o “happy birthday”, si te va más el rollo Marilyn Monroe. Pero la pertinencia dejaría de ser tal si el cumpleaños coincide con el fallecimiento de un familiar y tu rollito está en un velatorio. No serían pertinentes ni los cánticos ni los regalos en esa situación aunque siga siendo su cumpleaños.

Paolo Fabbri lo explicaba de una manera muy gráfica: “un hombre está en un bar y se desata una pelea. Tiene dos vasos: uno de cristal y otro de papel. ¿Qué es pertinente? Para beber, los dos; para pelear, el de vidrio”. Y continuaba así: “La idea de la pertinencia es crucial en comunicación. El Big Data es una idea precategorial que no tiene en cuenta la pertinencia. Cuando tienes tanta información, el sentido lo da quien la trabaja”.  Ya sabes, si quieres dar sentido a tus mensajes tienes que trabajarlos, conocer el contexto para hacerlos pertinentes. Tu discurso debe tener una estrategia. Si tus mensajes son pertinentes tienes más posibilidades de que sean aceptados como procedentes.

Cuando el discurso tiene en cuenta el contexto y sigue una estrategia de adaptación estarás agregando valor. Estás haciendo una propuesta que tiene coherencia con el momento y el tema que se aborda. Por el contrario, los mensajes inadecuados al contexto, los discursos sin pertinencia son una provocación llegando a ser incluso irrespetuosos. Otro día hablaremos de esto, de cómo y cuándo usar la impertinencia y la provocación como herramientas de comunicación.  Hoy lo dejamos aquí, que quiero cumplir los mandamientos del SEO y no ser castigada por el algoritmo, condenando a mi post a habitar el abismo del Big Data sin que las etiquetas o la relevancia consigan salvarlo del caos. Y recordad a Aristóteles: “Nada puede ser pensado si no ha pasado primero por los sentidos”. A eso ahora lo llamamos comunicar con emoción.

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