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Autor : Beatriz Ferrín - Fecha : 10 septiembre 2014

Cuéntame una historia

La vuelta al cole me tiene confundida. Me pasa lo que a algunos con la noche. O puede que lo que me tiene enmarañada sea el aluvión de información que inunda mis pantallas cada día desde que finalizó el recreo estival. Sueño con titulares que en mis peores pesadillas caen como ladrillos desde un cielo totalmente cubierto de letras de molde que amenazan con aplastarme. Me despierto gritando: “Es el Big Data, es el Big Data” y mi gato me lanza una de sus miradas burlonas. Bueno, no tengo gato pero si lo tuviera estoy segura de que me miraría así.

A lo que íbamos, lo del Big Data (¿alguien sabe quién lo ha bautizado así?) nos trae un nuevo universo de posibilidades, unas buenas, otras todavía mejores y algunas para salir corriendo. De estas últimas no vamos a hablar, al menos hoy, que bastante tenemos con la depre de la vuelta al cole. Pero si alguien está interesado o padece de insomnio que eche un vistazo al último libro del teórico de la comunicación Mark Andrejevic, Infoglut .No es que se te pongan los pelos como escarpias, directamente te quedas calvo aventurando los usos del llamado petróleo de la era digital.

En el campo de la comunicación empresarial, los datos siempre han sido vitales porque nos suministran información y esta es la base de nuestro trabajo, la materia prima que nos permite elaborar un plato u otro. Los datos nos dicen cosas y el comunicador, igual que el periodista, no sólo tiene que analizarlos en busca de la información que guardan, también tiene que interpretarlos, preguntarse qué significan, dónde nos llevan, qué explican y qué ocultan.

Y datos tenemos para aburrirnos. Las herramientas para el seguimiento de la información que habla, o que afecta,  a nuestra empresa son cada día más sofisticadas, nos proporcionan más y más datos. Auténticos Big Data en el caso de la monitorización digital. El perfeccionamiento llega también a la presentación de los datos extraídos, tablas y gráficos de fácil comprensión, llenos de imágenes tan coloristas y vistosas que más de una vez me han dado ganas de colgarlos en la pared del despacho para hacerme  un collage.

Con tal abundancia de información, el objetivo último se ha convertido, en muchos casos, en ordenar, organizar y sistematizar datos de forma que sean digeribles. Ponemos los datos a trabajar y nos olvidamos de darles sentido. Como explicaba el investigador y ensayista bielorruso Evgeney Morozov en una tribuna en El País “no necesitamos averiguar por qué las cosas son como son mientras nosotros podamos influir en que sean como queremos que sean”. El mismo añadía: “Lo cual es bastante triste”.  Y a nosotros, los  comunicadores, nos aleja de lo que debería ser nuestro trabajo y de los objetivos que debemos buscar con el mismo.

Ahora que la tecnología ha puesto a nuestro alcance infinidad de datos y las herramientas adecuadas para trabajar con ellos, no nos olvidemos de la última de las preguntas. Los gráficos y las tablas nos chivan qué, quién, cuándo y dónde, pero tenemos que seguir preguntándonos por qué. Los porqués, las causas, son la base de un buen relato. Y a todos nos gusta que nos cuenten una buena historia, una de esas que no se olvida. Nos lo recuerda José Manuel Velasco en la última entrada de su blog: “En comunicación, el relato aporta a la conversación las emociones que engendran sentimientos tales como la implicación, el compromiso y la fidelidad”. Comunica con emoción. Cuéntame una historia.

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Categoría: Comunicación, Periodismo

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