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Autor : Roberto Pastrana - Fecha : 11 enero 2017

El día en que Angelina Jolie me arruinó el plan

En septiembre de 2016, el periodista norteamericano David Fahrendthold destapó en The Washington Post un supuesto caso de fraude de Donald Trump. Según el reportero, el magnate había desviado más de 250.000 euros de su fundación sin ánimo de lucro para sostener las disputas legales en las que están envueltos sus negocios (que sí buscan lucro). La exclusiva tenía todas las papeletas para convertirse en un asunto peliagudo para el hombre que entonces estaba preparándose a disputar la presidencia de EE. UU. a Hilary Clinton. Sin embargo, la noticia pasó sin pena ni gloria.

La explicación de este fracaso editorial no hay que buscarlo en oscuras conjuras políticas, sino en un hecho mucho más mundano. Ese 20 de septiembre, el artículo de Fahrendthold tuvo que competir con una bomba mediática que acaparó la atención de la opinión pública, convirtiéndose rápidamente en trending topic de Twitter y otras redes sociales: la separación de Brad Pitt y Angelina Jolie.

La frustración que debió de sentir el periodista del Washington Post es equiparable a la que invade a los responsables de una acción de comunicación cuando ven que el trabajo de semanas se diluye al verse desplazado de la agenda informativa por algún suceso noticioso.

Aunque los medios digitales no tienen la acusada restricción de espacio de los tradicionales (ya sea en superficie de página o  en minutos en antena), los recursos que deben emplear para cubrir la actualidad son finitos. La plantilla que tienen es la que es y, en cualquier caso, lo noticioso desplaza a los demás temas hacia abajo en la página de inicio o, peor aún, hacia el interior de las secciones.

Una de las primeras decisiones a las que nos enfrentamos a la hora de comunicar es cuándo hacerlo. Elegir el momento con menos ruido mediático concentrará en nosotros más atención por parte de los periodistas y, además, estos tendrán el espacio suficiente para exponer los mensajes que habremos preparado cuidadosamente. En ciertas ocasiones eso favorecerá  nuestros intereses; en otras, en cambio, quizá busquemos lo contrario…

En cualquier caso, el conocimiento de la industria informativa es fundamental a la hora de programar una convocatoria, que debería tener en cuenta cuándo libran más periodistas, los días de cierre de los medios de referencia del sector, los eventos organizados por la competencia y muchos factores más.

Asimismo, también es conveniente saber qué asuntos son del interés de cada periodista para dirigir la invitación o la nota de prensa a quien sabemos que será más receptivo.  Esto se logra manteniendo una relación fluida con los profesionales que trabajan en los medios, que suele derivarse de la capacidad que poseemos para ofrecerles datos relevantes para elaborar sus informaciones.

Habrá quien piense que la experiencia en el trato con medios y periodistas no impide que el día de nuestra acción de comunicación Brad Pitt y Angelina Jolie no decidan reconciliarse o se produzca una sonada quiebra como la de Lehman Brothers. Efectivamente, nadie está a salvo de las contingencias y vicisitudes de la actualidad. Pero, incluso en esos casos, el conocimiento y el trato profesional y continuado con los medios nos proporcionará herramientas que permitirán actuar con agilidad y reconducir la situación de la mejor forma posible.

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Categoría: Comunicación, Periodismo

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