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Autor : Dédalo Comunicación - Fecha : 8 abril 2013

Energías verdes para la marca España (parte II)

La necesaria reforma energética, aún pendiente de algunas entregas, también debe resolver el dilema de la energía nuclear. Al margen de cortoplacismos de nuestros gobernantes y los propietarios de las centrales, haciendo que ambos se comprometan, con un modelo que ofrecería a España enormes bolsas de mejora de la competitividad, sólo con aprovechar el parque generador nuclear existente y resolver el asunto de nuestros residuos. Hoy, si Francia aguanta mejor las subidas de fiebre de la economía mundial, es debido, entre otros factores, a que más de la mitad de su parque de generación eléctrica es nuclear, tiene un precio competitivo y estable y no está sometido a la incertidumbre de los mercados. Por el contrario, nuestra indefinición actual nos cuesta, en ese déficit de tarifa, entre 3.000 y 4.000 millones de euros más, que tienen que salir del mismo bolsillo: el del castigado contribuyente.  El asunto reclama de nuevo una firme decisión política, porque los propietarios de las plantas nucleares prefieren cerrarlas a renunciar a una parte del margen de beneficios que les reportaría seguir operándolas más allá de su fecha legal de clausura, debido a que un Gobierno que necesita recursos les plantea una tasa sobre esa actividad. El ‘lobby’ eléctrico trabaja a tope para que el golpe se amortigüe. Como también lo están haciendo los grandes del ‘kilowatio verde’, a los que el nuevo secretario de Estado de Energía aún reserva un nuevo recorte para antes de final de año.

Igualmente necesario es introducir más competencia sobre el precio de los carburantes, ya liberalizados. Una competencia que, los ciudadanos, las administraciones y los supervisores no acaban de visualizar. Más competencia para que los usuarios intensivos, especialmente los transportistas, autónomos, etc, tengan a su alcance una oferta amplia que presiona los precios a la baja, llámese más gasolineras de más operadores o nuevos agentes distribuidores sobrevenidos, como las grandes superficies, a los que parece que este Gobierno se ha decidido a facilitar administrativamente la instalación de puntos de suministro. En este punto, la energía necesaria es la política, para tomar la decisión.  Tenemos ejemplos claros de esta situación en segmentos de combustibles alternativos como el GLP para automoción, beneficiado por una baja fiscalidad;  pero al que las administraciones españolas no acaban de dar el espaldarazo como se ha hecho con otras alternativas, véase el coche eléctrico, que, sin embargo, siguen estando más en el plano de las ideas que en de las realidades. Sirva un dato como ejemplo, en Europa circulan más de ocho millones de vehículos con GLP, generando ahorros a empresas y particulares, eficiencia, empleos en el sector de distribución, fabricación de vehículos, etc… Por algo será.

La reforma energética no debe renunciar al liderazgo mundial que tiene España en el sector de la energía renovable y de las tecnologías eficientes,  y que pierde a chorros con los recortes y la parálisis económica.  Hágase la limpia necesaria para pinchar la burbuja generada en este sector, pero acompáñese de una reforma que ‘toque’ y comprometa a otros ministerios, como Fomento, que puede hacer mucho por ‘cuidar’ nuestra hegemonía renovable y poner en valor, en un contexto como el actual, nuestros avances en el segmento de la edificación, mediante leyes que trasladen nuestra ventaja en el sector de la generación verde y eficiente al sector de la construcción renovable. Un ejemplo. Si aplicásemos en su integridad la directiva europea sobre eficiencia energética en edificios, según las empresas  especializadas, podría ser un motor de impulso a la construcción, generando nuevas empresas y miles de empleos. Un edificio autosuficiente o más eficiente, consume menos, y por tanto, reduce nuestra dependencia energética exterior. Pagaríamos menos por nuestra energía, y además, generaríamos un modelo de negocio exportable y mano de obra cualificada en nuestro castigado sector de la construcción. Lo hemos hecho con las energías verdes, y lo podemos repetir con el ‘ladrillo verde’, dando algo de lustre a nuestra ajada marca España. Un país que necesita cambiar su energía, y también, necesita gobernantes con energía para cambiarlo.

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Categoría: Actualidad, Crisis, Política

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