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Autor : Juana Jiménez - Fecha : 13 Octubre 2016

¿Eres gestor de personas o de resultados?

Creo que no hay nadie que ponga en duda la afirmación de que un empleado feliz es un empleado más productivo pero, con frecuencia, lo difícil para un directivo es ponerlo en práctica. Y es que cuando toca definir el plan estratégico de la compañía, presentar el presupuesto del año o concretar los objetivos de un departamento, a los mandos se les suele olvidar la felicidad para centrarse en los resultados.


Es obvio que el principal objetivo de las empresas es ganar dinero y la misión de sus máximos responsables debe ser tener una cuenta de resultados saneada. Ahora bien, de poco servirá tener un proyecto de negocio detallado al milímetro y una estrategia de mercado clara si te olvidas de contar con un plan que involucre a los empleados en los logros, que les haga sentirse partícipes y orgullosos de los resultados obtenidos. A la larga sólo tendrás una plantilla desmotivada que se enfrenta día a día al reto de “cubrir el expediente”.

Antes de llegar a eso recuerda que una empresa de éxito es aquella que tiene un gran equipo y para conseguir un gran equipo no te olvides de inculcarle el sentimiento de pertenencia a la organización. Porque ya no basta con mejorar la productividad. Las organizaciones modernas deben aspirar a mejorar la calidad, el compromiso y la participación de sus trabajadores ¿pero cómo podemos hacer esto?

1.- Empieza a ver al empleado como una inversión y no como un coste. Diferencia entre la gestión de las personas y la de los recursos humanos (el nombre frente al número) y apuesta por ello hasta las últimas consecuencias.

2.- Deja de pensar en el salario como el único elemento motivador del empleado. Sin duda es el más importante, pero no es el único. Hay otros factores como la autoestima y el reconocimiento que no debes olvidar. Por cierto, ¿Cómo se te da lo del salario emocional? Procura incorporarlo a tu estrategia de recursos humanos y tendrás más posibilidades de motivar y retener a tus empleados.

3.- Genera un buen clima de trabajo. Trabajar con tensión no significa sacar el látigo. Permite que cada uno dé lo mejor de sí mismo con aquello que le hace ser más creativo, estar más concentrado y ofrecer todo su potencial, ya sea con música, sentándose en una pelota de pilates, como es mi caso, o recurriendo al minuto de relax que te ofrece la APP mindfulness bell.

4.-Pon permanentemente a prueba frente a tu equipo tu inteligencia emocional, siendo empático, teniendo en cuenta las emociones y sentimientos propios y de los que te rodean y permitiendo a los equipos que integren las aptitudes emocionales a las capacidades intelectuales.

5.- Por último, aliña todos estos ingredientes en un plan de comunicación interna alineado con la cultura corporativa de la empresa, con esos valores que quieres que todos los empleados compartan. Los expertos no se cansan de repetir que no se despide al peor formado o al más deficiente en el desempeño de su trabajo, se despide al que menos encaja y se adapta a la cultura corporativa. Tenlo en cuenta. Un buen plan de comunicación interna integrado en las estrategias empresariales te ayudará a potenciar la motivación, desarrollar el sentido de pertenencia e incrementar el compromiso de la plantilla con la organización.

Y ahora dime, ¿de verdad quieres seguir siendo un gestor de resultados o inclinas la balanza por la gestión de personas?

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