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Autor : Aurora Echevarría - Fecha : 21 septiembre 2016

Los cinco pecados capitales del comunicador

Hemos destacado cinco y no siete porque tampoco es cuestión de fustigarnos nada más empezar el curso. Pensamos que estos son los errores más imperdonables en el trabajo de un comunicador porque además de las consecuencias inmediatas tienen también repercusiones en el largo plazo.

1.- No engañes ni a tu cliente dándole falsas esperanzas ni a los periodistas contándoles milongas. Mentir vas a poder mentir una sola vez porque a la siguiente ya habrás perdido la credibilidad. Un intangible muy valioso y difícilmente recuperable. Siempre estarás bajo sospecha y eso es un hándicap insalvable para un comunicador.

2.- No dejes de atender peticiones. Si un medio de comunicación o un periodista te llama tienes que responder siempre, aunque sea para decirle que no puedes facilitarle lo que te está solicitando. Tu trabajo es ser puente y correa de transmisión entre los medios y las empresas. Quizás no puedas ayudarle en esa ocasión, o a esa hora concreta, pero ya sabes qué existe una necesidad que no se está cubriendo y así puedes trasladarlo a tus clientes.

3.- No seas snob, no hay medio pequeño todos son importantes para nuestro trabajo. Los pequeños medios, en ocasiones, llegan a un público más segmentado que puede ser sumamente valioso para los intereses de nuestro cliente.

4.- No exijas revisar todo. Puedes solicitar educadamente contrastar la información para asegurarte que no hay errores en lo que respeta a los datos que has facilitado al periodista. Normalmente, es el periodista el que lo hace porque es el primer interesado en que su artículo no contenga incorrecciones. Deja trabajar a los periodistas, igual que no cuestionas al cocinero cuando vas a un restaurante o te metes a decirle al mecánico como cambiar la correa de distribución de tu coche, no desconfíes de la profesionalidad de tus colegas.

5.- No improvises, ni siquiera los más experimentados portavoces curtidos en mil batallas lo hacen. Debes pararte y reflexionar,  tener claros los mensajes y las implicaciones derivadas de estos. Los comunicadores debemos conocer bien la empresa a la que representamos y recordar que estamos hablando en su nombre y no en el nuestro. Una vez recibida y trasladada la petición al cliente es importante dedicar un tiempo a pensar, que nos pagan por ello!! No solo por ser meros ejecutores-trasladadores de información. Pero recuerda los tiempos, han de ser aceptables para el profesional que nos hace la solicitud.

¿Vosotros que pensáis? ¿Son estos nuestros errores más graves como comunicadores o hay otros? Os invitamos  a añadir más pecados en comentarios.

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Aurora Echevarría
Gacetillera, plumilla, juntaletras... llámalo como quieras, yo soy PERIODISTA por pura vocación. Me apasiona Larra, Reverte, Tolkien oír la radio, Twitter, los temas de seguridad y defensa... No creo en imposibles, estoy segura de que el mundo es de quien se atreve a intentarlo. Caí en el Marketing Online pero jamás morirá la comunicadora que llevo dentro.

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Dédalo | 18 October 2017

A un lado o al otro, siempre con la verdad por delante.

Dédalo | 18 October 2017

Tomamos nota del sexto pecado capital del comunicador. No caigamos en la soberbia de pretender saber que necesita el periodista o incluso nuestro cliente sin antes escuchar lo que ellos tienen que contarnos o pedirnos.

María José | 18 October 2017

Creo que este post da en el clavo totalmente. Hay quien cree que una agencia de comunicación desarrolla mensajes falsos, a conveniencia del cliente. Me encanta que como primer pecado se establezca el de mentir. Los medios de comunicación quieren dar lecciones a las agencias y hablan de "pasarse al lado oscuro" cuando dejas el periodismo de medios para trabajar en un gabinete. Mi experiencia es que ahora ocurre lo contrario. Un comunicador puede suavizar la información, interpretarla, crearla....pero nunca tergiversarla. El éxito está en trabajar con transparencia y con verdad.

Marian | 18 October 2017

Vamos a por un sexto: No escuchar. El comunicador que da un mensaje sin escuchar al receptor, corre el peligro de no comprobar cómo se recibe su emisión.

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