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Autor : Marina Zamarreño - Fecha : 11 Febrero 2015

Una cuestión de ‘cojones’

Cabría esperar de una sociedad en la que quien más y quien menos tiene un blog, y donde proliferan los community managers como hongos, una capacidad de redacción y una corrección gramatical impecables. Pues bien, nada más lejos de la realidad. El lector amante de la lengua española sabrá bien de qué hablamos, ya que se habrá topado con aberraciones de distinta índole tanto en medios convencionales como en las redes sociales. Si es usted de esos a los que les gusta meter el dedo en la llaga, le recomiendo las cuentas de Twitter @PatiOrtografico e @Inculteces, que fundamentalmente se dedican a recoger estas preciosidades.

Si por el contrario usted se encuentra en el lado opuesto (en el lado oscuro), en el de los becarios que de pronto tienen que llevar la presencia en redes sociales de la empresa o en el de los ingenieros a los que su empresa exige escribir un artículo mensual para el blog, no se preocupe, tenemos soluciones.

¿Alguna vez ha dudado entre halla y haya? Muchas veces nos encontramos frente a tiempos verbales que deberían llevar una b o una v, o una ll o una y, pero no logramos dar en el clavo. Por supuesto, siempre se puede acudir al Diccionario de la Real Academia que, al escribir un verbo en infinitivo, nos ofrece la opción de «conjugar» mediante un botoncito azul, lo cual facilita bastante las cosas. No obstante, hay un truquillo que no se le va a olvidar: si el infinitivo lleva b o v, el verbo conjugado también. Si no, llevará siempre b. Asimismo, si el infinitivo lleva ll o y, el verbo conjugado también. Si no, llevará siempre y. Por ejemplo, de callar, calló, pero de caer, cayó.

Si usted no es latinoamericano, probablemente sufra una de estas enfermedades: laísmo o leísmo. Nos dice Fundeu, la Fundación del Español Urgente, que «le se emplea como complemento indirecto, tanto para masculino como para femenino» y que «lo [y la] se emplea como complemento directo». Esto seguramente le suene a chino y su decisión de escribir le, lo o la vendrá condicionada por la posibilidad de sustituir el pronombre en cuestión por a él o a ella. ¡Error! Por cuestiones que no vamos a explicar en este artículo, este método no funciona casi nunca, bienvenido a la cruda realidad. Pero no se preocupe, porque tenemos un método infalible: intente pasar la oración a pasiva. Si se puede, escriba lo o la según el género que convenga, si no, quédese bien a gusto poniendo un le. ¿Lo vi por la calle o le vi por la calle? Páselo a pasiva: Él fue visto por mí. Funciona. Es lo. ¿Le dijeron una mentira o la dijeron una mentira? Intentemos hacer una pasiva: Ella fue dicha una mentira. Fatal, no se puede. Escriba le.

Para terminar y justificar el titular del post, les diré que hay que echar un par de…. para escribir bien, sobre todo si se trata de palabras como quién, dónde, cuándo, qué, cómo, etc. Estas palabras solamente llevan tilde algunas veces, cuando funcionan como pronombres interrogativos —que no tiene por qué coincidir con frases enmarcadas entre signos de interrogación. ¿Entonces cómo se sabe cuándo poner la tilde? Pues poniéndole cojones detrás. Si la frase lo admite, el pronombre lleva tilde. Cómo (cojones) quieres que te lo diga. Funciona. Así de fácil. Es simplemente una cuestión de cojones.

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Marina Zamarreño
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