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Autor : Marina Zamarreño - Fecha : 11 septiembre 2012

Virus lingüísticos

A menudo ponemos el grito en el cielo al ver que nuestros hijos adolescentes cometen errores gramaticales que harían que Cervantes se revolviese en su tumba. Achacamos sus faltas de ortografía al hábito que han adquirido por el uso de las nuevas tecnologías. No obstante, el lector sensible a los aspectos lingüísticos habrá percibido con toda certeza que también los adultos, incluso licenciados, apaleamos el diccionario a diestro y siniestro.

Supongo que os resultará tristemente familiar la expresión “haber si nos vemos” al final de un correo electrónico o de un SMS. Quizás la confusión entre “haber” y “a ver” sea uno de los errores más irritantes –y de los más frecuentes. La equivocación viene justificada por el hecho de que son expresiones homófonas (suenan igual), pero toda excusa queda invalidada desde el punto de vista gramatical.

Nos dice la Academia que “haber” puede ser un verbo o un sustantivo. Como verbo se usa como auxiliar, seguido de un participio. Como sustantivo significa “conjunto de bienes o caudales de una persona”. Ahora bien, “a ver” se emplea para solicitar al interlocutor que nos deje ver o comprobar algo y expresa expectación o interés por saber algo. En muchos casos, la secuencia “a ver” puede reemplazarse por veamos, lo que pone de manifiesto su relación con el verbo ver y no con el verbo haber. La norma no es complicada, solo tenemos que prestar atención a la intención comunicativa del emisor.

También vemos cada vez más los típicos “a penas” o “a parte”. El error tiene su origen en otras expresiones compuestas que incluyen la preposición “a” (por ejemplo, a duras penas, a sabiendas, etc.). En este caso, la explicación es sencillísima: “apenas” y “aparte” siempre se escriben en una sola palabra, no son expresiones compuestas de preposición y sustantivo como las otras.

De todos modos, la joya de la corona de los errores gramaticales son las tildes, popularmente conocidas como acentos. Permitidme que aproveche este breve texto para enviar dos mensajes al universo.

El primero es que las mayúsculas se tildan igual que las minúsculas. Existe una leyenda urbana que dice que la Academia no prescribe las tildes en las mayúsculas. Pues bien, es mentira. Tal regla no ha existido jamás. Si te llamas Ángel, lo siento, tienes que poner la tilde en todo caso.

El segundo es que la palabra “ti” jamás lleva tilde y jamás la ha llevado. Otros pronombres tónicos como “mí” o “sí” la llevan para diferenciarlos de otras palabras (por ejemplo, las notas musicales, que no se tildan). Por el contrario, con “ti” no existe confusión alguna, así que se aplica la norma general de acentuación de los monosílabos: no se tildan nunca.

Seguro que más de uno se ha sentido identificado con los errores anteriores. El corrector ortográfico del procesador de textos en ocasiones nos deja desvalidos ante este tipo de faltas y, si no se tienen claras estas normas esenciales, es fácil quedar en evidencia. Afortunadamente, hay algo que nos diferencia de esos adolescentes hiperestimulados de los que hablábamos al comienzo del artículo, y es que entendemos la importancia de escribir correctamente para causar una buena impresión profesional –y también personal, por qué no.

Así que os animo a difundir la información contenida en este post para intentar mejorar entre todos la calidad lingüística de nuestros correos electrónicos y otros textos, incluso SMS. Evitemos que los virus se conviertan en epidemias, aunque sean lingüísticas.

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Marina Zamarreño
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