La escucha activa en el ámbito laboral

La incertidumbre es, sin duda, uno de los afectos más presentes en estos días. Los medios de comunicación y los comunicados oficiales generan e incrementan esta incertidumbre. El futuro es una pregunta abierta y, lamentablemente, se predicen tiempos y consecuencias severas para la economía. En este contexto, la escucha activa en el ámbito laboral cobra especial relevancia.

Pero de un modo u otro, entre la incertidumbre, el miedo, la tristeza y el caos de la situación, tenemos un tiempo para nosotros mismos que la demanda y el ritmo de nuestra vida anterior, la vida pre-confinamiento, lo hacían prácticamente imposible. Es curioso el relato de algunos niños que recibo en consulta que, cada día, al levantarse, preguntan a sus padres si hoy tampoco van a ir al trabajo y pueden quedarse en casa con ellos, jugando, curioseando juntos, compartiendo momentos, explorando y desarrollándose. Es fundamental empatizar con los niños y entender su demanda, pues es esta demanda, en tono infantil, la demanda de la sociedad. Ellos piden que se les brinde seguridad y atención para poder desarrollarse saludablemente. Piden ser escuchados.

Lo que necesitan los niños es afecto, vínculos saludables y comprensión. Para poder rendir y completar sus obligaciones, necesitan primero, esa seguridad y ese afecto. Y esto es lo mismo que nos ocurre a los adultos.

Si extrapolamos el mundo infantil a nuestro equipo de trabajo, ¿cómo es posible brindar ese afecto, esa atención emocional?, ¿aumentaría la motivación en nuestro trabajo con la atención emocional?

En primer lugar, es fundamental reconocer al otro como persona diferente, con sus propios procesos, inquietudes, dificultades y fortalezas. En esta línea hay que escuchar lo que transmite.  Escuchar, es diferente de oír, oír desde nuestra perspectiva. Hay que escuchar al otro en su singularidad.

La importancia de las palabras

La comunicación no verbal, los gestos, las miradas de complicidad, las sonrisas en el trabajo nos animan. En el momento actual, hay que suplir ese tipo de comunicación que genera seguridad y motivación y esto debemos sustituirlo a través de la comunicación verbal.

La palabra alivia. Poder expresarse aumentará enormemente el grado de satisfacción personal al provocar una disminución de la angustia. La palabra dicha y escuchada nos permite tomar consciencia de ideas que favorecen nuestro desarrollo personal y profesional.

Ahora, más que nunca, es necesaria una comunicación interna en la que cada miembro del equipo se sienta escuchado, comprendido y, consecuentemente, desee sumar valor en el trabajo, generar nuevas ideas, aportar soluciones creativas, tan necesarias en el momento actual. Hay que escuchar, hay que reinventarse, hay que crear, pero ante todo hay que favorecer un espacio para que esto pueda darse.

Este post está escrito por Noelia González Zamorano, psicoanalista.

Dédalo
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