“El ser querido”: de la comunicación cotidiana a la comunicación profesional

“El ser querido”, la última película de Rodrigo Sorogoyen, deja claro, una vez más, que el director es un maestro en retratar las relaciones humanas. Pero, además, desde la primera escena, Sorogoyen nos revela que la comunicación va a ocupar un papel central en la película. Especialmente, la comunicación entre un padre y una hija.

La primera escena, rodada en un restaurante, es un tenso ejercicio de comunicación verbal y no verbal. Una conversación aparentemente sencilla en la que importan las palabras, pero donde importan todavía más los silencios, las miradas, los cambios de tono, la incomodidad y todo aquello que ninguno de los dos se atreve a verbalizar. Porque hay palabras que buscan acercar y otras que levantan muros.

El poder del relato  

“El ser querido” también traslada esas dinámicas de comunicación al trabajo. Da igual que estemos hablando de un rodaje cinematográfico, una entidad financiera, una empresa familiar o una institución pública. La película vuelve a recordarnos que también comunicamos cuando callamos. Cuando evitamos una respuesta. Cuando cambiamos el tono. Cuando no miramos. Cuando damos por hecho que el otro debería entendernos. Cuando creemos estar transmitiendo una cosa y quien tenemos delante está recibiendo otra completamente diferente.

Desde el punto de vista de la comunicación corporativa es especialmente interesante los intentos del personaje interpretado por Javier Bardem por controlar el relato.  Una dinámica que nos pone ante el espejo a muchas organizaciones. Podemos trabajar un argumentario, definir mensajes y construir una narrativa. Pero el relato no se construye solo desde dentro. También lo construyen nuestras acciones, las experiencias de quienes nos rodean y la propia realidad que la opinión pública conoce y percibe. Por eso, cuando el relato que una organización intenta proyectar choca frontalmente con esa realidad, deja de ser creíble. No basta con contar bien una historia. Esa historia tiene que ser coherente con lo que hacemos y con lo que los demás ven de nosotros.

Y entonces llega probablemente una de las escenas más incómodas de la película. Un rodaje, sin hacer spoilers, que es imposible contemplar sin sentir incomodidad. Porque el talento no justifica cualquier comportamiento. La jerarquía tampoco.  Ahí la comunicación deja de ser únicamente una cuestión de palabras y se convierte en una cuestión de liderazgo. Aparecen comportamientos que durante mucho tiempo se asumieron como normales, como la autoridad entendida como imposición, la incapacidad para escuchar o el convencimiento de que una trayectoria determinada otorgan automáticamente legitimidad.

Un modelo de liderazgo que durante décadas se toleró que hoy se topa con personas que no están dispuestas a aceptarlo. Porque también ha cambiado nuestra forma de escuchar a quienes tienen autoridad. Ya no basta con ocupar una posición, ni con tener experiencia, ni siquiera con tener razón. Hay que saber explicarla, compartirla, escuchar la respuesta y entender a quien tenemos delante.

Comunicar con coherencia

Quizá por eso “El ser querido” funciona también como un magnífico ejercicio de observación para quienes nos dedicamos a la comunicación en el ámbito profesional. Nos recuerda que una buena portavocía no empieza delante de un micrófono. Empieza en la capacidad de escuchar, de entender el contexto, de leer una habitación y en reconocer cuándo debemos hablar y cuándo debemos guardar silencio. En definitiva, de ser más conscientes de cómo nos perciben los demás.

Y, sobre todo, en algo que ninguna estrategia de comunicación puede fabricar “artificialmente” durante demasiado tiempo: la coherencia entre lo que decimos, cómo lo decimos y cómo actuamos.

Ana Martínez Villar, Consultora de Comunicación Corporativa en Dédalo Comunicación

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