Esperando que las cosas cambien

Hay personas que pasan su vida esperando que las cosas cambien o que otros cambien. ¿Cuántos pensáis que os sentiríais mejor si la situación o las personas fueran distintas?
– “si este virus no fuera una pandemia yo podría …”
– “si no estuviéramos encerrados en casa yo haría …”
– “la de cosas que tendría si pudiera trabajar…”

Y ¿por qué pensamos de esta manera? ¿Por qué tenemos este tipo de pensamiento condicionado a algo externo?
Pues porque nos educaron así. Nos educaron con modificación de conducta, con herramientas de influencia e impacto externo y muchos repetimos este modelo de control y corrección de forma automática.

Pongo un ejemplo: en las familias con hijos, los padres, con nuestra mejor intención, queremos modificar la conducta de los hijos, y cuando no lo conseguimos y la situación nos supera, recurrimos al enfado y la queja. Otro ejemplo, en el trabajo, los jefes quieren y necesitan mantener un control sobre el desempeño y conducta de los empleados, y si no lo logran, la reacción es la misma que la de los padres con los hijos.

¿Dónde quiero llegar con esta introducción? Me gustaría que reflexionarais conmigo. Si ahora estamos estrenando una Esperando que las cosas cambiennueva situación que nos instala continuamente en la queja, que hace que nos sintamos vulnerables e inseguros, activando continuamente nuestra alerta emocional y física y si pensamos que la única solución es que las circunstancias cambien; la lectura que hace nuestro cerebro es que nosotros no podemos hacer nada, que estamos en manos de los demás y las circunstancias. Y aunque en cierta medida es así, nos tenemos que preguntar dónde queda nuestra posibilidad de cambio, adaptación y mejora.

Cultivemos la Gran Parcela del Poder

Pues tengo buenas noticias para vosotros; la filosofía de vida de la Disciplina Positiva nos dice que todos tenemos una “Gran Parcela de Poder”, cada uno la nuestra, más o menos grande o pequeña, pero nuestra. Sobre ella decidimos, actuamos y además podemos hacer crecer. Así que ¡cultivémosla!

“Podemos cambiar nuestra vida y la actitud de las personas que nos rodean simplemente cambiándonos a nosotros mismos” Rudolf Dreikurs.

Cuando leí por primera vez esta frase, hace ya años, en un primer momento me pareció vacía de significado y de poco valor. Ahora entiendo por qué; porque yo también me sentía así. ¿Cómo alguien tan pequeña e insignificante como yo podía tener influencia en nada ni en nadie?

Esperando que las cosas cambienPero cuando fui madre está frase comenzó a tener un sentido real y empezó a hacerse poderosa, tal y como lo es hoy día para mí. Me di cuenta de que mi actitud, mi forma de sentir y de vivir, repercutía y resonaba directamente en mi entorno: hijas, marido, hogar…  Fue entonces cuando fui consciente de mi “Gran Parcela de Poder”. Y empecé a cultivarla, a trabajarla, a sembrarla con tiempo de observación, a hacer prácticas en ella. De esta forma comencé a conocerme más y mejor. Y experimenté como esta parcela crecía y cómo mi actitud hacía cambiar el comportamiento y la energía de las personas que me rodeaban; tanto en el trabajo con mi jefe y mis compañeros de oficina, como también con mis amigas e incluso con alguno de mis vecinos.

Aprendí a salir de la queja no dejando puesto el piloto automático, aprendí a tomar las riendas de mi vida sin esperar que las cosas cambiasen solas, y sobre todo aprendí que el cambio, inevitablemente, empezaba en mí.

Os invito a que observéis y cultivéis vuestra “Gran Parcela de Poder”, que calculéis sus metros cuadrados, que midáis su poder de influencia, que analicéis la actitud y energía que desprende y a cuántas personas alcanza.

No sigáis esperando que las cosas cambien, recordad que EL CAMBIO ESTÁ EN CADA UNO DE NOSOTROS.

 

Sonia MartínEste post está escrito por Sonia Martín, Educadora y formadora de Desarrollo Personal. Facilitadora de las metodologías: Coaching por Valores, Lego Serios Play y Disciplina Positiva. Socio-Fundadora de EquipoEduca.

 

Dédalo
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