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Autor : Marina Zamarreño - Fecha : 5 septiembre 2018

No le pidas peras al horno

¿Sabes cuando tu madre te cuenta que en el ‘analís’ le han salido los ‘lacasitos’ un poco altos? Pues está incurriendo en un fenómeno lingüístico que se llama malapropismo. Un malapropismo es un error consistente en sustituir una palabra por otra similar que normalmente da lugar a una expresión graciosa, a menudo surrealista.

Si ya has leído otros artículos del blog sobre temas lingüísticos (por ejemplo, este o este), ya sabes que me pirra todo lo que tenga que ver con el uso de la lengua que hacen los hablantes. Así que a lo largo de los años he ido recopilando anécdotas y chorradas varias que me sirven para amenizar reuniones de amigos y sobremesas familiares.

Te confesaré que la mayoría tienen una única fuente: Heliodoro. Heliodoro es un señor de un pueblo de Castilla en el que veraneábamos hace años. Un pueblito de unos cincuenta habitantes censados, al pie de un río y con un único establecimiento de atención al público: el bar-restaurante JJ. Cada día, sobre las doce, bajábamos de nuestra casita alquilada a tomar el vermú con los oriundos y allí conocimos a Heliodoro. Heliodoro era una fuente inagotable de malapropismos.

Heliodoro tenía una hija que se iba a casar y estaba indignadísimo porque le tocaba pagar el ‘cóptel’. Al parecer, la niña se había pasado tres pueblos contratando un cortador de jamón. Y el pobre de Heliodoro se quejaba amargamente, “esta chica mía se piensa que nadamos en la ‘ambulancia’, ni que fuese yo un ‘majará’”.

A Heliodoro le traían por la calle de la amargura las ‘retondas’ de Madrid. Le parecía una forma endiablada de organizar el tráfico —y razón no le faltaba.

Estaba admirado con la Afriquita, una vecina del pueblo que se había quedado como una ‘sífilis’ después de hacer dieta con un médico de la capital (de la capital de la provincia, claro está). Por lo visto, al ver a la Afriquita, Paquita (que así se llamaba la mujer de Heliodoro) se había puesto muy pesada con visitar a ese mismo médico, pero el buen hombre pensaba que aquello era una imprudencia, porque Paqui había tenido un cólico ‘frenético’ apenas unos meses atrás. Así que se encontraba entre la ‘espalda’ y la pared, no sabía si llevarla a la capital o no.

Mención de honor merecen las pomporrutas que salían de la boca de Heliodoro. Era un hombre muy alegre y le gustaba cantar (muy bien, por cierto). Las pomporrutas son variaciones de la letra de canciones u otros textos. En las fiestas del pueblo, Heliodoro se animaba con canciones en inglés y en español por igual, era un hacha. Tan pronto te cantaba algo de Michael Jackson (‘era de yuboqui, de yuboqui, de yuboqui era1′, del famoso éxito Smooth Criminal), como se atrevía con Sabina (‘me pillaron diez quinientas y un peluco marca Omega, con un pincho de tortilla2 en la garganta) o entonaba Sabor de Amor de Danza Invisible (culpa ‘de la fruta de la pasión3′).

Cuando terminaron las vacaciones, nos despedimos de Heliodoro y le dimos las gracias por su hospitalidad y le dijimos que había sido todo un descubrimiento conocerlo, que los vermús con él nos habían sabido a gloria bendita y que nos había encantado su forma de hablar. Él nos contó que nunca pudo ir al instituto y que era una espinita que tenía clavada, así que “señora, no le pida usted peras al horno”.

 

 

1 Smooth Criminal: Annie are you okay, are you okay, are you okay Annie?

2 Pacto entre caballeros: me pillaron diez quinientas y un peluco marca Omega con un pincho de cocina en la garganta.

3 Sabor de amor: pulpa de la fruta de la pasión

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Categoría: Miscelánea

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